La experiencia muestra que las actividades recreativas no planificadas traen a menudo aparejadas consecuencias no deseadas para los ecosistemas donde se escenifican, acarreando pérdida de bienes y servicios ambientales indispensables para el desarrollo y el mantenimiento de las sociedades humanas. Incluso en el caso de lugares remotos que, por sus características ambientales, se encuentran poco poblados o localizados en regiones poco accesibles, encontramos huellas de la actividad humana, difíciles de erradicar. Por esa razón, cualquier actividad recreativa que vaya a llevarse a cabo debe ser cuidadosamente planificada y gestionada en base a la utilización de criterios científicos y herramientas técnicas adecuadas para poder decidir la mejor localización para la actividad, dónde los impactos sobre los recursos sean mínimos. Un elemento importante a tener en cuenta es que los impactos causados por la recreación están estrechamente relacionados con el tipo de actividad que se vaya a desarrollar; así variará si se trata de una actividad lúdica, interpretativo‐educativa, y/o deportivo aventurera, (Viñals, 1999). Por otra parte, el modelo turístico aplicado, la decisión de dónde, cuándo y cómo implantar dicha actividad turística se relaciona también con la vocación del territorio (aptitud e idoneidad) y con la fragilidad y vulnerabilidad de sus recursos (Viñals, 2002) que son los factores limitantes más importantes para el desarrollo de cualquier actividad.

Por otra parte, existe un grupo de criterios que se relacionan con la atracción y el interés que un recurso despierta sobre el público. El más importante en este sentido es la atractividad que es un criterio basado en parámetros de tipo estético, emotivo y perceptual. Así, se valora la belleza, originalidad, el simbolismo y las emociones que provoca el recurso en las personas. Como se puede observar, se trata de un criterio para la valoración recreativa, con una gran componente de subjetividad marcada por unas preferencias que dependen de las características de los visitantes (edad, cultura, educación, nacionalidad, etc.). De cualquier manera, hay elementos objetivos para la valoración como son: la unicidad, el buen estado de conservación, la calidad escénica del entorno y el tamaño o superficie del sitio.


Hay que tener presente que todas las acciones llevadas a cabo en un sistema natural tendrán en mayor o menor medida algún tipo de impacto sobre el medio. Por lo tanto, si por esta evaluación un gestor llega a la conclusión de que un espacio natural es poco frágil, esto no implica que se pueda realizar allí cualquier tipo de actividad y con cualquier intensidad. Los resultados de la aplicación de este tipo de valoración van a permitir, por una parte identificar con antelación los posibles impactos que la actividad causará y así planificar desde el principio medidas preventivas y, por otra parte, determinar la vocación de los recursos para determinadas actividades recreativas.     Finalmente, cabe recordar que la valoración intrínseca de los recursos no siempre coincide con la valoración recreativa ya que en ésta última, como hemos visto, influyen componentes subjetivos y factores externos no inherentes a los elementos del ecosistema. 

BACKMAN, S.J., MUZAFFER, U. Y BACKMAN, K. (1991).  Regional analysis of tourism resources.   Annals of Tourism Research, 18 (2): 323‐328.
 BURKART, J. Y MEDLINK, C. (1986). Tourism, past, present, and future. Oxford: Heinemman, London. 
BUREL, F. Y    BAUDRY, J. (2002). Ecología del paisaje: Conceptos, métodos y aplicaciones, Madrid, Mundi‐Prensa. 
CADIÑANOS, J.A. Y MEAZA, G. (1998).    Bases para una biogeografía aplicada: criterios y sistemas de valoración de la vegetación,  Logroño, Geoforma Ediciones.
 CORTEZ, E., GIANNONI, S.M. Y BORGHI, C.E. (2005). Plan de manejo del Parque Provincial Ischigualsto, Pcia. de San Juan, Período 2005‐2010. Fase I. Informe Técnico, 146 pp. 
DE ANGELIS, D.L., BARTELL, S.M. Y BRENKERT, A.L. (1989). Effects of nutrient recycling and food‐chain length on resilience. The American Naturalist 134:5, pp.778‐805. DEFERT, P. (1960).  Le tourisme dans l’expansión regionale. Principes et methods. AIEST, Vol. I. Editions Gurten, Berna. GUDINWKI, H., FURNISS, M.J., ZIEMER, R.R. Y BROOKES, M.H. (2001). Forest Roads: A Synthesis of Scientific Information. Portald (OR): USDA Forest Service, Pacific Northwest Research Station, General Tehcnical Report PNW‐GTR‐509. GUNN, C.A. (1988). Vacationscapes: Designing tourist regions. Van Nostrand Reheinhold, New York. HAM, S.H. (1992). Environmental Interpretation. A practical guide for people with big ideas and small budgets. Ed. Fulcrum Publishing, 456 pp. IUCN (2000). Global Invasive Species Database. 100 of the World´s worst invasive species. Invasive Species Specialist Group (GISP). www.issg.org/database/search.aps?st=100ss&fr 

Comentarios

Entradas populares